El mercado aéreo mundial se está moviendo duro tras los golpes de los últimos años, y las grandes compañías del sector buscan a toda costa asegurar su posición en un entorno que no da tregua. Por un lado, la aerolínea escandinava SAS acaba de meter el acelerador a fondo con un plan de modernización que suena fuerte en la industria: ordenaron 18 aviones comerciales A330neo a la europea Airbus. Esta jugada hace parte de un paquete de renovación de flota bastante ambicioso que incluye hasta 40 aeronaves de largo alcance, una inversión que ronda los 10.000 millones de dólares y que se convierte en el movimiento financiero más grande en toda la historia de la compañía.
A la final, esta resurrección resulta bien llamativa si se tiene en cuenta que hace apenas un par de años la empresa —donde Air France-KLM tiene metida una buena parte de su plata— andaba de capa caída, saliendo a duras penas de la protección del Capítulo 11 de la ley de quiebras tras arrastrar crisis financieras crónicas y un bajonazo miedoso de pasajeros por culpa de la pandemia. Eso sí, como suele pasar en estos negocios tan grandes, saltaron a la vista varios datos cruzados. Mientras Airbus habla de 18 aviones, Rolls-Royce, que es el fabricante de los motores Trent 7000 que llevan estas máquinas, salió a decir que el trato en realidad va por los 20 aviones nuevos y que encima hay opción de meter otros 10 más adelante. Para no quedarse varados esperando a que salgan los aviones nuevos de la fábrica, la gente de SAS va a meter provisionalmente unos modelos más viejos, los A330-300; estos ya ni se fabrican, pero sirven para aguantar el crecimiento mientras les entregan los juguetes nuevos.
Aunque Airbus ya no publica los precios de lista de sus aviones, esos 18 A330neo andarían costando unos 5.700 millones de dólares si nos pegamos a las últimas cifras oficiales. Claro que en este negocio nadie paga el precio completo cuando compra en combo; los descuentos grandes son la regla de oro cuando las aerolíneas se bajan de semejantes sumas. Esta compra viene después de que el año pasado SAS amarrara un negocio con la brasileña Embraer por 55 aviones regionales de unos 4.000 millones de dólares.
Mirando hacia atrás, a SAS —que nació por allá en 1946 cuando se juntaron las aerolíneas bandera de Dinamarca, Noruega y Suecia— le ha tocado morder el polvo más de una vez frente a las aerolíneas de bajo costo. Varias emisiones de acciones y planes de reestructuración fallaron en su momento porque los costos fijos eran altísimos y la demanda simplemente no daba pie con bola. El paso por el Capítulo 11 les sirvió para sacudirse una deuda de más de 2.000 millones de dólares, ajustar la flota y salir de la bolsa para arrancar con un negocio que ahora sí pinta rentable. La prueba reina es que en 2025 reportaron una utilidad operativa de 3.000 millones de coronas (unos 308.5 millones de dólares), un cambio tremendo frente al totazo de 2024, cuando perdieron 2.100 millones. Y eso que el panorama global está bien berraco con las tensiones en Medio Oriente, que tienen el precio del combustible por las nubes y los pasillos de vuelo vueltos un ocho. Los planes de expansión apuntan a volver el aeropuerto de Copenhague su fortín principal de cara al 2030, lo que promete mover la economía de Dinamarca con unos 25.000 empleos nuevos y un aporte de 25.000 millones de coronas danesas a su PIB.
Al otro lado del charco, el panorama de la aviación también se siente con fuerza en los mercados financieros locales, y el caso de LATAM Airlines Group es el termómetro perfecto para medirle el aceite a la industria en nuestra región. Las acciones de la compañía suramericana, bajo el ticker LTM en la Bolsa de Comercio de Santiago, muestran un ritmo al que los inversionistas no le quitan el ojo de encima. Hace poco la acción cotizaba a los 26.810 pesos chilenos, registrando una caída leve del 0,59% en la jornada diaria, pero la foto completa muestra una tendencia al alza que pone a pensar a los analistas.
En las últimas semanas el panorama para LATAM ha venido subiendo peldaños de forma constante: reportó un incremento del 8,50% en una semana, un 11,71% en el mes y, si se mira el último año, se mandó una trepada impresionante del 41,18%. Quienes analizan el mercado andan optimistas y calculan que el precio de LTM podría llegar a un tope máximo de 36,43 pesos chilenos, fijando un piso mínimo de 27,32 pesos en sus proyecciones. Una realidad muy distinta a la que se vivió en sus peores momentos históricos, como en noviembre de 2022 cuando la acción tocó fondo llegando apenas a los 4.420 pesos chilenos, lejísimos de ese techo histórico de marzo de 2013 cuando rozó los 16.021,106 pesos. Con una volatilidad de 2,54 y un coeficiente beta de 1,26, la acción se mueve al ritmo de un mercado que sigue tratando de estabilizarse tras la tormenta global, demostrando que tanto en el norte de Europa como en América Latina, el negocio de volar está buscando nuevos horizontes a como dé lugar.


