La vaina con la belleza y la obsesión por encajar siempre ha tenido tintes de cuento de terror, pero parece que la industria audiovisual por fin se está quitando los guantes para mostrarlo tal cual es. Si creían que La sustancia de Coralie Fargeat ya nos había sacudido lo suficiente, pónganle cuidado a lo que acaba de reventar la sección Midnight del Festival de Sundance. Se trata de The ugly stepsister (una ópera prima que por estos lares todavía no tiene título oficial), una cinta escandinava que le da un giro macabro y sumamente grotesco al clásico de La Cenicienta. Aquí no hay zapatitos de cristal ni hadas madrinas; la historia se enfoca en esa hermanastra fea que vive a la sombra del brillo ajeno, dispuesta a embarcarse en un viaje desesperado y retorcido con tal de que el príncipe le pare bolas.
Emilie Blichfeldt, que se estrena como directora con esta película, agarró sus propias luchas con la imagen corporal, las mezcló con los cuentos de los Hermanos Grimm, y armó una sátira monumental. Olvídense del final feliz de siempre. Este es un mundo de fantasía oscura salpicado de rinoplastias extremas, cuerpos en plena descomposición, cirugías sacadas del siglo XIX y lombrices solitarias. Es una crítica feroz, bañada en un humor negrísimo y una fotografía impecable, a esa carnicería que es la industria de la imagen. En este relato, la búsqueda del estatus convierte todo en una carrera macabra donde ser feo no es solo una etiqueta que te ponen, sino una sentencia en toda regla.
El despelote visual que armaron en esta coproducción entre Noruega, Polonia, Suecia y Dinamarca ha pegado durísimo. Con un elenco encabezado por Lea Myren, Thea Sofie Loch Næss y Ane Dahl Torp, la película ya anda con un 98% de valoraciones positivas en Rotten Tomatoes, lo que no es cualquier pendejada para una cinta de terror. La plataforma de streaming Shudder ya le echó mano para los países de habla inglesa y, por lo que se dice, asomará la cabeza en España durante los festivales de otoño. Todo un viaje visceral que destripa el estándar de perfección.
Y es justo en este punto de la validación donde la televisión nos tira otra curva, pero desde una esquina completamente distinta. Porque mientras en Europa deciden desangrar el cuento de hadas para mostrarnos su crudeza, los gringos prefirieron meter la nostalgia en el microondas. Veinticinco años después de que Elle Woods nos demostrara que el rosado y las leyes no están peleados, Prime Video nos empuja Elle, una serie precuela sobre los años de colegio de la abogada más famosa de la cultura pop.
Nos devuelven a 1995, seis años exactos antes de los eventos de Legalmente Rubia. La jugada es la siguiente: a una Elle adolescente le toca dejar su vida perfectamente armada en Bel Air porque su familia se muda a Seattle. Típico drama de empezar de cero, el primer amor, las rivalidades de colegio y el estrés de buscar su lugar en una ciudad desconocida. Reese Witherspoon, que anda metida de lleno como productora ejecutiva, escogió ella mismita a Lexi Minetree para el papel protagónico, acompañándola con actores como June Diane Raphael (una joya en su papel) y Tom Everett Scott haciendo de los papás de la pelada.
La crítica anda más dividida que nunca con este estreno. Por un lado, hay gente a la que le pareció una chimba. Medios como TechRadar dicen que es “escandalosamente buena”, aplaudiendo lo adictivo de la trama y todo ese rollo nostálgico noventero, mientras que el New York Post asegura que es enérgica, divertida y de esos raros casos en los que una precuela no le escupe al legado de la original. TVLine también destacó los momentos inteligentes del guion. En lo que sí están de acuerdo casi todos, incluyendo a The Hollywood Reporter, es que el camello de Minetree es bárbaro. La muchacha no solo tiene un parecido miedoso con Witherspoon, sino que le copió cada mueca, cada tonito de voz y cada tic físico con una precisión milimétrica, dulce como un pastel.
El problema es que, para la otra mitad de la crítica, la serie es un hueso inaguantable. TheWrap le dio palo diciendo que es aburrida, tediosa y que el uso de publicidad por emplazamiento se siente súper forzado. The Independent no se quedó atrás y la tachó de ser una fotocopia sin gracia de la película original, llena de historias de origen que a nadie le importan y una premisa que no tiene sentido. Según IndieWire, los chistes son tibios y uno de milagro se ríe cada diez minutos porque terminaron recostándose en los clichés más trillados del drama juvenil para tratar de rellenar los ocho episodios, algo que Daily Beast resumió como una vaina inflada y sin una gota de originalidad.
Al final del día, el debate no está en si Lexi Minetree da la talla para meterse en los zapatos de Reese; ya demostró que tiene con qué. La verdadera pregunta que queda flotando es si realmente necesitábamos escarbar en el pasado de Elle Woods. Queda claro que la industria está obsesionada con exprimir a la mujer perfecta y a sus íconos femeninos. A veces lo hace con una sinceridad grotesca y fascinante que te revuelve el estómago, y otras veces simplemente te recicla un personaje querido para ver si todavía factura en el formato adolescente. Allá cada quien con la pastilla que prefiera tragarse.

