Samsung lleva rato estirando el chicle con sus líneas de gama alta, jugando a ver qué tanto pueden inflar las características técnicas antes de que se vuelva excesivo. En su momento, dejaron clarísimo que la joya de la corona tenía nombre y apellido: el Galaxy S20 Ultra. Un equipo que, con solo portar ese “Ultra”, ya te tira una declaración de intenciones en la cara. Fue el más mastodonte de su familia, el que acaparó el set fotográfico más bravo y el que trepó la memoria RAM a niveles absurdos. Al tener este cacharro en la mano, uno se da cuenta de que no escatimaron en nada, pero también de que ese peso pesado tiene que sudarla para justificar todo el bombo que le dieron.
Para que se hagan una idea del arsenal que trae este bicho, vale la pena repasar sus tripas:
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Pantalla: Dynamic AMOLED de 6,9 pulgadas (QHD+, 511 ppp) que es una delicia visual con soporte HDR10+ y unos fluidos 120 Hz.
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Poder de fuego: Exynos 990 de 7nm, respaldado por opciones groseras de 12 o 16 GB de RAM LPDDR5.
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Almacenamiento y autonomía: Desde 128 GB hasta 512 GB (expandible hasta 1 TB) y una batería de 5.000 mAh para aguantar el tropel diario.
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Cámaras: Un angular principal de 108 MP, un ultra angular de 12 MP, y el famoso telefoto de 48 MP que le da vida al zoom óptico híbrido 10x y a ese controversial zoom digital de 100x. Todo acompañado de una frontal de 40 MP.
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Extras: Protección IP68 y un lector de huellas bajo pantalla.
El diseño: un adiós definitivo a la sutileza
Ya el Galaxy S10 Lite nos había cantado la tabla: el tradicional módulo de cámaras horizontal tenía los días contados. Ese último rasgo de identidad puro de los Galaxy S se despidió para darle paso a los bloques verticales que terminaron adueñándose de toda la serie S20. Y hablando del Ultra, el tema no es menor. Este celular no solo es más grande, sino que le metieron un módulo trasero tan inmenso que pide a gritos llamar la atención. Ahí, solitario en la parte inferior, descansa el lente periscópico cuadrado junto a la inscripción de los 100x, como para que a nadie se le olvide el marketing que le montaron encima.
El camello con este diseño es que el módulo sobresale una barbaridad. Eso da muchísima papaya para que el polvo y la mugre se acomoden en los bordes con una facilidad que da desespero. La parte trasera es de cristal con acabado brillante, así que prepárense para que atrape las huellas y la grasita de los dedos apenas lo miren. Sumen esto a que el equipo es alargado, pesadito (220 gramos) y liso como un jabón. Toca usarlo con funda sí o sí, a menos que le quieran echar la bendición cada vez que lo saquen del bolsillo; menos mal que Samsung incluye una en la caja, un detalle bacano que últimamente brilla por su ausencia.
La rueda del tiempo y la guillotina de las actualizaciones
Pero la industria móvil es ingrata. Por más hardware premium que tengas o por muy potente que haya sido tu teléfono en su lanzamiento, el software es el que termina dictando la fecha de defunción de los equipos. Si miramos hacia el futuro cercano, hacia mayo de 2026, vemos cómo esta política de caducidad le pasará factura a varios guerreros. Tres modelos de Samsung que en su momento dieron mucha lora finalmente se quedarán por fuera del baile de las actualizaciones oficiales: el Galaxy A13, el Galaxy A23 y el Galaxy M33 5G.
Estos equipos salieron al ruedo en abril de 2022, arrancando con Android 12 bajo la capa One UI 4.0, y mantuvieron un ciclo de soporte de unos respetables cuatro años. Sin embargo, la historia no fue igual para todos. Mientras que el A13 y el A23 llegaron hasta su techo con Android 14 (One UI 6), al M33 5G le rindió mucho más el impulso, logrando coronar cuatro grandes saltos del sistema hasta llegar a Android 16 con One UI 8. A partir de esa fecha límite, para los dueños de estos aparatos la cosa cambia. Quedan desamparados de versiones como One UI 8.5; si acaso, recibirán algún parche de seguridad esporádico si aparece una vulnerabilidad crítica, pero de resto, se les acabó el cuarto de hora.
One UI 8.5: La movida hacia la Inteligencia Artificial y el diseño orgánico
Mientras estos modelos más viejos sacan la mano y salen del ciclo de soporte, Samsung ya le está metiendo toda la ficha a su próxima evolución. Con One UI 8.5 la marca no quiere simplemente mover de lugar un par de íconos, sino que busca pegarle una sacudida profunda a la experiencia de usuario, tanto en lo visual como en los fierros del software.
La gran bandera estética de esta actualización es el “Ambient Design”. Es una vuelta muy interesante donde los widgets y los paneles del sistema juegan con transparencias y efectos de profundidad para camuflarse y adaptarse de forma mucho más orgánica al fondo de pantalla. La tirada de Samsung es que la interfaz se sienta viva, menos plana y mucho más conectada con la identidad visual del usuario.
Pero la verdadera sustancia de One UI 8.5 no está solo en el maquillaje. Samsung decidió dejar de darle vueltas al asunto de los asistentes de voz e integró la tecnología de Perplexity AI directamente en Bixby. La promesa es clara: quieren que el asistente pase de ser una herramienta básica a una inteligencia capaz de entender consultas enredadas y mantener conversaciones que se sientan naturales de verdad. Con este salto sobre la base de Android 16, Samsung demuestra que la guerra actual ya no se trata de quién mete el módulo de cámara más grande en la espalda del celular, sino de quién logra que el ecosistema se sienta más intuitivo en el día a día.

