Sam Neill, el actor neozelandés recordado en todo el mundo por interpretar al paleontólogo Alan Grant en “Jurassic Park”, murió este lunes 13 de julio en Sídney a los 78 años. Su familia informó a través de una publicación en redes sociales que su muerte fue “repentina e inesperada”, aunque destacó que el artista había logrado mantenerse libre de cáncer después de varios años de tratamiento contra una rara y agresiva enfermedad de la sangre.
Neill había anunciado en abril que el cáncer estaba en remisión. Desde 2022 enfrentaba un linfoma angioinmunoblástico de células T, conocido como AITL, un subtipo poco frecuente de linfoma no Hodgkin que marcó sus últimos años, pero que no consiguió apartarlo por completo de la actuación, de sus viñedos ni de ese humor seco con el que solía hablar incluso de los momentos más difíciles.
Con una trayectoria de más de medio siglo y más de 50 películas, Neill construyó una carrera difícil de encasillar. Podía pasar de encarnar a un oficial de submarino en el thriller “La caza del Octubre Rojo”, estrenado en 1990, a interpretar al anticristo en “La profecía III: El conflicto final”, de 1981. También asumió papeles de hombres atormentados y esposos complejos, como ocurrió junto a Holly Hunter en “El piano”, ganadora del Óscar, y al lado de Meryl Streep en “Un grito en la oscuridad”.
Para millones de espectadores, sin embargo, su rostro quedó ligado al doctor Alan Grant, el científico prudente, terco y poco impresionable que debía sobrevivir entre dinosaurios en “Jurassic Park”. El personaje lo convirtió en una figura reconocible para varias generaciones y terminó ocupando un lugar central dentro de una filmografía que nunca dependió de un solo género.
Los críticos lo describían como un actor versátil, confiable y preciso. Su trabajo no parecía buscar el lucimiento evidente. El propio Neill decía que actuar podía parecer sencillo, pero que, cuando realmente lo parecía, era porque el intérprete estaba haciendo algo muy difícil y lo estaba haciendo bien.
De Nigel a Sam
Nigel John Dermot Neill nació en Omagh, Irlanda del Norte. Cuando tenía siete años se trasladó con su familia a Nueva Zelanda, país de origen de su padre, quien decidió regresar después de retirarse del Ejército.
A los 11 años cambió su nombre por Sam. En sus memorias de 2023, “Did I Ever Tell You This?”, explicó con ironía que llegar a la escuela primaria con un acento refinado y llamarse Nigel era prácticamente buscarse problemas. Sam, en cambio, le parecía fácil de pronunciar, amistoso, algo masculino y, según escribió, un nombre que incluso recordaba un poco a un labrador.
Se describía a sí mismo como un niño torpe, estudioso, poco deportista y tartamudo. Sus primeros acercamientos a la actuación ocurrieron en montajes escolares, donde comenzó con papeles pequeños. No había entonces señales claras de una futura estrella internacional, salvo una inclinación sencilla y persistente: le gustaba hacer reír a la gente.
Su primer gran impulso profesional llegó con “Sleeping Dogs”, una película neozelandesa de bajo presupuesto estrenada en 1977. El papel llamó la atención de la industria y le abrió las puertas a producciones más grandes en Australia. Aun cuando su fama empezó a crecer, Neill mantuvo una relación estrecha con Nueva Zelanda y regresó con frecuencia para trabajar allí.
En su país fue especialmente querido por su interpretación de Hector, un hombre gruñón y solitario en “Hunt for the Wilderpeople”, la película de 2016 dirigida por Taika Waititi. El personaje, áspero por fuera y vulnerable en el fondo, parecía hecho para esa clase de actuación contenida que Neill manejaba sin esfuerzo aparente.
A mediados de los años ochenta estuvo cerca de convertirse en James Bond. Hizo una audición para el papel, pero reconoció después que nunca estuvo realmente convencido. Durante la prueba, que duró todo un día, se sintió fuera de lugar.
Años más tarde comentó que nadie quería ser recordado como el Bond que no le gustó a la gente, una suerte que, en su opinión, podía ser peor que la muerte. La frase resumía bastante bien su relación con la fama: la conocía, trabajaba dentro de ella, pero nunca pareció tomársela demasiado en serio.
A lo largo de su carrera recibió tres nominaciones a los Globos de Oro y dos a los premios Primetime Emmy. También ganó tres galardones de la televisión australiana, incluido uno en 2025 por su trabajo en la serie “The Twelve”.
En 2022 aceptó el título de caballero por sus servicios al cine, después de haber rechazado la distinción durante años. Finalmente cambió de opinión porque consideró importante que todas las disciplinas artísticas fueran reconocidas, no solo las actividades tradicionalmente asociadas con ese tipo de honores.
El diagnóstico que cambió sus últimos años
Neill supo que tenía un linfoma no Hodgkin en marzo de 2022. Hizo público el diagnóstico un año después, cuando publicó sus memorias. En las primeras páginas escribió que estaba enfermo, que posiblemente se estaba muriendo y que tal vez tendría que terminar el libro más rápido.
El texto no era únicamente una despedida ni un relato sobre el cáncer. Neill empezó a escribir mientras recibía tratamiento y descubrió que repasar su vida le ofrecía una rutina en medio de la incertidumbre. Reconoció que el año anterior había tenido momentos muy oscuros, pero también que esos episodios le habían permitido valorar con mayor claridad los períodos de alivio, los días cotidianos y la compañía de sus amigos.
El diagnóstico preciso fue un linfoma angioinmunoblástico de células T, una enfermedad agresiva que se origina en determinadas células del sistema inmunitario. El hematólogo Eduardo Espada, del Hospital Santa Maria, explicó que se trata de un subtipo de linfoma periférico de células T con características particulares al microscopio y manifestaciones clínicas propias.
La enfermedad representa alrededor del 10 al 15 por ciento de los linfomas de células T y apenas entre el 1 y el 3 por ciento de todos los linfomas no Hodgkin. Su baja incidencia ayuda a entender por qué existen menos datos clínicos y menos alternativas terapéuticas que para otros tipos de cáncer más frecuentes. En Portugal, por ejemplo, se diagnostican aproximadamente entre 20 y 50 casos al año, según el especialista.
El tratamiento inicial suele incluir sesiones de quimioterapia convencional. Cuando la enfermedad no responde como se espera, los médicos pueden recurrir a terapias de rescate o tratamientos dirigidos, diseñados para actuar sobre mecanismos específicos de las células tumorales.
Estas terapias pueden controlar el avance del cáncer y llevarlo a una fase de remisión, aunque sus efectos a largo plazo no siempre se conocen con precisión. En algunos pacientes se mantienen hasta que la enfermedad vuelve a progresar, el medicamento deja de ser eficaz o los efectos secundarios se vuelven difíciles de tolerar.
Neill fue sometido a un tratamiento de este tipo. Nunca se revelaron todos los detalles, pero especialistas en oncología señalaron que podría haber recibido un medicamento experimental como parte de un ensayo clínico. En una entrevista con “The Guardian”, el actor contó que tendría que tomar un nuevo fármaco durante el resto de su vida.
La estrategia no era inusual para una enfermedad con pocas probabilidades de curación definitiva. El linfoma angioinmunoblástico de células T suele ser considerado incurable en muchos casos, aunque puede mantenerse bajo control durante períodos prolongados. De acuerdo con el hematólogo, aproximadamente un tercio de los pacientes continúa con vida cinco años después del diagnóstico, mientras otros requieren tratamientos permanentes.
Una enfermedad que afecta todo el organismo
Los linfomas aparecen en el sistema linfático, una parte esencial del sistema inmunitario encargada de ayudar al cuerpo a combatir infecciones y otras enfermedades. Suelen manifestarse en los ganglios linfáticos, aunque también pueden comprometer el bazo, el hígado, la médula ósea y el tracto gastrointestinal.
Entre los síntomas más habituales están el aumento de tamaño de los ganglios del cuello, las axilas o las ingles. Neill llegó a presentar este signo antes de recibir el diagnóstico. También pueden aparecer fiebre alta, sudoración nocturna, cansancio intenso y pérdida de peso sin una causa evidente.
En algunos pacientes se desarrollan lesiones en la piel, acompañadas o no de picazón, dolor abdominal, dolores de cabeza, inflamación del abdomen o una sensación de llenura que aparece después de comer muy poco. Como estas manifestaciones pueden confundirse con problemas menos graves, los especialistas aconsejan consultar sin mucha demora cuando persisten o aparecen de manera conjunta.
En abril, Neill comunicó que estaba libre de cáncer. La noticia parecía abrir una etapa más tranquila después de una batalla que él mismo había relatado sin melodrama, con franqueza y un toque de humor. Su familia aclaró ahora que la muerte fue inesperada, una precisión importante después de años en los que la salud del actor había sido observada públicamente.
Durante sus últimos años dividió gran parte de su tiempo entre Australia y su viñedo en Central Otago, Nueva Zelanda. Allí producía vino, cuidaba animales y mantenía una vida bastante alejada del brillo de Hollywood. Se casó y se divorció dos veces y deja dos hijos y dos hijas.
Sam Neill no fue únicamente el científico de sombrero ancho que miraba con asombro y desconfianza a los dinosaurios. Fue un actor capaz de moverse entre el cine de autor, las grandes producciones, la televisión, el suspenso, el drama y la comedia sin perder esa forma contenida de ocupar la pantalla. Parecía no hacer demasiado, y justamente ahí estaba buena parte de su oficio.

