Salvador
Pesántez
La Unión Nacional de Periodistas acaba de cumplir
72 años, teniendo a su haber un pasado glorioso, un presente firme y un futuro
incierto. La UNP, desde su nacimiento, ha cumplido con vigor las obligaciones
encomendados. De manera permanente se ha preocupado por el desarrollo de la
educación, la cultura y los valores de la libertad y la justicia.
Esta institución tiene el orgullo de presentar a la
sociedad a numerosos socios activos y pasivos, otros fallecidos, que tributaron
por el progreso y desarrollo del país, a través de su específica misión y de su
convicción por la democracia y la libertad. Muchos tuvieron que soportar las
retaliaciones del poder y la tiranía, pero jamás claudicaron a su derecho de
expresarse libremente.
Esta es una época gris para la prensa y los
periodistas, quienes son denigrados, afrentados y distraídos de su noble
función. A esto se suma el empeño de fumigar a toda organización social y
gremial, más si es contestataria. En este ambiente una de las listas que
encabezó Vicente Ordoñez y que tomó la bandera de la defensa de la libertad de
expresión dobló en votos a su contendor: apabullante derrota para él y sus
entusiastas palaciegos.
En el acto de posesión, el flamante Presidente
informó la incorporación de más de un centenar de nuevos afiliados, lo que
aclara que los periodistas quieren agruparse alrededor de acciones valientes de
sus dirigentes. Entre otras cosas dijo: “Estamos frente a un gobierno que se
proclama progresista y que va cercando al periodismo, que pretende acorralar a
los periodistas, como si fuéramos un hato de mansos corderos”.
Advirtió que los periodistas no hacen promoción,
no inciden a favor ni en contra de nadie, porque la profesión no es para
beneficiar o perjudicar a los políticos. El periodismo, efectivamente, debe
cumplir una función de compromiso y trascendencia en favor del pueblo. La
mayoría de ellos está en pie de lucha por la democracia, las libertades y el
bienestar.