Apuntaba este Diario en su editorial del lunes, en la parte final, lo
siguiente: “Si bien el Estado es el principal
promotor y garante de la educación, no es el único responsable. Los padres de
familia, la sociedad y los medios de comunicación debemos también a la par
contribuir a la formación de la niñez y la juventud”. En concordancia,
anotaremos que las instancias fundamentales de la educación se danen la familia, la escuela y los medios de
comunicación social, así que antes también influía enormemente la Iglesia.
De un
tiempo a esta parte se ha endosado toda la formación de la niñez y la juventud
al sistema educativo formal, cuando es sabido que la cultura que se genera en
la familia tiene un peso determinantes en el futuro de las personas. De ahí que
no se puede acusar de todos los males al sistema educativo cásico. Poco pueden
hacer los maestros con niños, adolescentes y jóvenesque provienen de hogares desorganizados,
abandonados, huérfanos, de padres permisivos, de representantes que incitan a
sus amparados a insolentarse con profesores o autoridades.
En esta
responsabilidad asimismo tienen un peso concluyente los medios de comunicación
social tanto tradicionales como contemporáneos. La educación en los medios no
es censura ni condena, como lo hacen los profesores con algunos programas de
los medios; la educación en los medios es principalmente una actividad de
pregunta, de exploración, de cuestionamiento. Entonces, una educación en
mediosde lo que se trata es de analizar
el placer antes que condenarlo o elogiarlo, tarea ingrata que hacen los
educadores en el aula.
En todo
caso, la filosofía de la educación debe ser el de desarrollar la capacidad de
estudiar, que permita realizar la labor intelectual necesaria para resolver un
problema, meditar una pregunta o conocer a fondo un método práctico de hacer
las cosas. Pues, tiene mayor importancia aprender a estudiar con provecho que
adquirir un conjunto de conocimientos particulares. Si a una persona se brinda
la capacidad efectiva para el estudio y éste asimila, ya ase habrá triunfado
aunque no consiga nada más.
En fin,
los verdaderos maestros –no aquellos neófitos y embusteros que se llenan la
boca con la palabreja “mediocridad”, quizá como mecanismo de defensa de sus
limitaciones intelectuales– saben que estudiar significa saber, observar,
concentrarse, organizar y analizar: Saber ser mentalmente eficiente.