En casi todos los países del mundo el consumo de alcohol se
ve como algo habitual y cotidiano, en dosis suaves el alcohol brinda una
sensación de bienestar y alegría, da una visión positiva de la vida y minimiza
los problemas. De todos los individuos que consumen bebidas alcohólicas hay que
diferenciar los denominados “bebedores” de los “alcohólicos”. Los bebedores son
personas que si bien han consumido o vienen consumiendo alcohol gran parte de
sus vidas no afecta a su conducta ni crea dependencia; mientras que para los
alcohólicos el consumo de alcohol afecta claramente su conducta y se ha vuelto
tan dependiente a tal punto que le es imposible parar.
Dicho esto, es importante recalcar que estudios realizados
demuestran que el 35% de la población ecuatoriana consume alcohol y que una de
las ciudades con mayor índice de consumo en el país es Cuenca. Uno de los
problemas más severos que afectan a nuestra ciudad es el consumo de alcohol
entre los adolescentes, cada vez la edad en la que seempieza
conel consumo es menor y oscila entre los 12 y
14 años y aunque afecta a todos los estratos sociales se ha demostrado que es
más común entre las clases pudientes en las cuales existe mayor tiempo libre,
un menor control a los hijos y mayor poder adquisitivo.
Como joven puedo afirmar que el consumo de alcohol en nuestro
medio ha sido tan naturalizado que ya pocas personas lo ven como algo anormal,
es más, muchas de las veces consideran anormal o “aburrido” a la persona que no
consume y se le deja rezagado para ciertas actividades sociales. Es necesario
enfatizar en que el consumo de alcohol no excluye a ningún sexo ya que tanto
hombres y mujeres consumen en el mismo grado.
Es preocupante la frecuencia con la que se consume alcohol en
nuestra sociedad, es evidente que ya está enraizado en nuestras mentes como una
costumbre, tal es el caso que los jóvenes salimos un sábado por la tarde sin
tener definida una actividad y lo primero que se nos ocurre es comprar “una
botellita” que con el transcurso del tiempo se transforma en dos, tres, cuatro,
etc. Me he dado cuentaque la mayoría de los
jóvenes consumen alcohol por lo menos dos veces por semana (viernes y sábado) y
si alguna vez no ha tomado una semana se siente un héroe o que ha hecho algo
tan bueno que tiene que “desquitarse” lo que no tomó, tomando el doble la
semana siguiente.
Así entonces, encuentro la necesidad de concientizar a los
jóvenes,a que no tomen su vida tan a la
ligera, que la frase tan mentada “debo aprovechar y disfrutar de la vida porque
soy joven” se puede transformar en un futuro de dependencia al alcohol o en
desgracias tales como accidentes en automóviles o motocicletas que como ya es
bien conocido es una de las primeras causas de mortalidad juvenil.
Aún sabiendo que los jóvenes ya tenemos la capacidad de
diferenciar lo que está bien de lo que está mal no hay comodesligar de responsabilidad a los padres ya que
necesitamos mas interés y consejo por parte de ellos en este momento de
nuestras vidas en el que nos podemos dejar influenciar fácilmente por los
amigos y la sociedad en general.