Según el decreto ejecutivo emitido
el 29 de mayo del 2009 que garantiza la igualdad entre hombres y mujeres y la
erradicación del machismo, todos los ecuatorianos deberíamos denunciar
cualquier hecho que se oponga a esta “campaña” que no se la debería considerar
únicamente como “campaña” sino como un modelo nuevo de vida, un proceso de
evolución que pretende por lo menos igualar el comportamiento de otras
civilizaciones.
Aquello de “reacciona Ecuador, el machismo es violencia”, es
como la alfabetización o la lucha contra la pobreza, utopías del Gobierno…
proyectos positivos pero irrealizables.
Es bueno pensar en un país sin
machismo, en el cual se respete a la mujer, se la considere capaz de desempeñar
con excelencia cualquier actividad; un ser humano valioso pero con
limitaciones, pues es lógico considerarnos a la mayoría el “sexo débil” en
cuanto a la contextura física y la fuerza muscular; aunque es sabido el dominio
de las artes marciales y otras prácticas de defensa personal de algunas; es
cierto también que por el menor desarrollo de masa muscular de gran parte de
las mujeres en comparación con los hombres, en muchas ocasiones no podemos
desempeñar ciertos trabajos y deben ayudarnos o realizar el trabajo ellos.
Sin
embargo, no tenemos porqué en las otras características humanas ser inferiores
al sexo masculino. Si pensamos con realismo y objetividad, nadie estamos
haciendo nada para exterminar el machismo; por un lado pensamos: ¿qué sacamos
denunciando estos hechos?, ¿acaso alguien hará algo?; por el otro reflexionamos
que si es que continuamos razonando así todos, nunca nadie daremos el primer
paso, pues como dijo Teresa de Calcuta: “el mar se forma de peque
física de un hombre
hacia una mujer es fácilmente comprobable; pero no hay parámetros tangibles que
demuestren la existencia o no de machismo psíquico, podrían existir testigos
que lo corroboren; sin embargo, no es suficiente para el limitado ojo humano
que “sólo cree lo que ve”. Alguna vez ya se escribió aquello de que “machismo
se escribe con M de mamá y éste con M de mujer”; en múltiples ocasiones son las
mujeres que denigran a otras mujeres y permiten que se irrespeten sus derechos.
Esto es una paradoja, pero un suceso de todos los días; los ecuatorianos
todavía no estamos preparados para destruir anacrónicos esquemas patriarcales,
aunque no es malo empezar cada uno a poner un granito de arena a esta torre de
Babel.