Rumores rondan el palacio de Carondelet, sobre el
hecho que el presidente Rafael Correa, no le gustó la forma como se aprobó la
Ley de Educación Superior que ahora se encuentra en manos del ejecutivo y que
este puede aprobar, o vetar parcial o completamente.
Los rumores circundan los temas de la autonomía
universitaria, el Consejo que controlará el funcionamiento, la creación de
nuevas universidades y otros temas que constaban en el proyecto original y que
fue fruto del debate y antagonismos por parte de los grupos vinculados con el
quehacer educativo superior.
Sin embargo como en toda buena democracia, estos
grupos abiertos totalmente al diálogo llegaron a acuerdos con la Comisión de
Educación de la Asamblea Nacional y los asambleístas oficialistas para lograr
una mayoría provisional para este punto.
Acuerdo que el presidente de la República no
comparte, por considerarlo una artimaña de los que se oponían a la Ley y que
por ello él debería vetar la misma y dejar sin sentido este esfuerzo conjunto,
volviendo a cero en el tema de la Ley de Educación Superior.
Por otro lado de darse este veto sea en forma
parcial o total, estaríamos enfrentando otra situación política y de hasta
venganza, lo que ocasionaría directamente un sacudón social, pues hay ya
reacciones de diferentes frentes sociales, especialmente vinculados con las
Universidades, que no permitirán una Ley impuesta unilateralmente desde el
Gobierno no con el fin de mejorar la Educación Superior, sino con el fin oscuro
de controlarla.
Lamentablemente la Educación superior es considerada
como un área estratégica para el Estado ecuatoriano de allí sale el interés de
tener el control de la misma a través de lo que cueste, sea a nivel ideológico,
político, social e inclusive a nivel de reivindicaciones históricas como la
autonomía universitaria.
Si el presidente llega a cumplir con sus amenazas,
lo primera que se rompería es el respeto a los acuerdos, aquí en Ecuador ya no
es un País que podemos llegar a acuerdos sobre temas de interés general, cuando
el Gobierno quiere llevar agua para su molino.
La palabra sería irrespetada, como se sentirían los
involucrados, en primera instancia burlados, y de esta manera nos estamos
avocando a tener una Ley no de consenso sino no impuesta, y cuando las leyes
nacen de esta manera, nacen muertas, lo que queremos decir que esta Ley no
tendrá futuro, las instituciones involucradas no la respetarán menos cumplirán
con sus preceptos.
Por ello señor presidente al igual que otras leyes
que ya están aprobadas y que ya tuvieron su oposición, no hagamos de la
educación un indicador político, hagamos de ella una responsabilidad del estado
por que se considera como una inversión a largo plazo.
La educación superior ha tenido sus problemas, pero
estos son de forma, aquellos que pueden superarse de hecho algunos de ellos ya
han sido tratados indistintamente por Universidades y quieren mejorar paso a
paso, por considerar necesario no porque se les imponga.