Bajo
la advertencia de que existen marcadas diferencias entre los niveles de
desarrollo y compromiso de los países latinoamericanos, la Comisión Económica para
América Latina y el Caribe (CEPAL) coordinó con otros órganos subsidiarios de
Naciones Unidas, un examen acerca de los avances de la región latinoamericana
en materia de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).
Como
una síntesis podemos decir que a cinco años de que se cumpla el plazo para la
mayoría de los ODM América Latina ha avanzado en los siguientes objetivos: En
materia de erradicación de la pobreza extrema llevamos un avance del 85%, ya
que el porcentaje de personas bajo esta condición ha disminuido de representar
22.5% de la población en 1990 a 12.9% en 2008. Sin embargo, todavía existen
rezagos en las zonas rurales, siendo que su tasa de indigencia es casi tres
veces superior en comparación con las zonas urbanas.
En
cuanto a reducir el hambre sabemos que entre 2004 y 2006, pese a que la región
supera en 40% la disponibilidad de alimentos requeridos por la población, había
45 millones de personas que no tenían acceso suficiente a los alimentos. El
avance en esta materia es de apenas el 22%.
En
cuestión de educación hay buenas perspectivas, pues entre 2007-2008 las tasas
de matrícula de enseñanza primaria eran del 90%, pero aún había bastas brechas
entre la educación que reciben las personas de ingreso medio, medio alto y los
más desfavorecidos, sin contar el problema del analfabetismo funcional.
En
materia de salud, sabemos que sólo un tercio de los países de la región
alcanzará la meta de reducir la mortalidad infantil, mientras que en cuestión
de mejorar la salud materna la región está estancada, siendo uno de los
principales problemas las elevadas tasas de fecundidad adolescente que tienden
a reproducir la pobreza. En el combate al VIH-SIDA y al Paludismo hay buenas
expectativas en AL, pues tenemos menos incidencia de estas enfermedades que
otras regiones del mundo.
En
materia de inserción comercial sabemos que el 95% de las exportaciones enviadas
a los países desarrollados entran libres de aranceles, pero se constituyen de
productos con bajo valor agregado, además de que persiste el problema de los
subsidios, por parte de los desarrollados, hacia sus sectores agrícolas, lo
cual nos impide competir de forma justa e igualitaria.
Habiéndose
cumplido dos terceras partes del tiempo previsto para la mayoría de los ODM
podemos decir que pese a los avances en algunos rubros, aún estamos lejos de
dar satisfacción a los compromisos asumidos en la Declaración del Milenio.
Algunos
resultados son devastadores como el hecho de que AL sea la región más desigual
del mundo; que tengamos la tasa de deforestación más alta del planeta, mientras
las emisiones de carbono han crecido de forma sostenida. Además de que hay más
de 100 millones de personas que viven en condiciones inaceptables, o sea uno de
cada seis habitantes.
El
desarrollo económico, social y político es una condición que no sólo debe
preocuparnos a quienes vivimos en países en desarrollo o menos avanzados, es
una condición que se asumió como un compromiso global, así lo estipula el
octavo ODM -Asociación Mundial para el desarrollo-, ya que quienes habitamos
este planeta manifestamos que estamos dispuestos a mejorar la vida de nuestros
iguales, independientemente de que estos vivan en países, etnias o culturas
distintas a la nuestra.