En el año 2000, ante un grupo de congresistas estadounidenses, Gianna Jessen,
de 19 años, explicaba su vida. "Mi madre biológica tenía 17 años, y 7
meses y medio de embarazo cuando decidió abortarme por el proceso de inyección
salina. Yo soy la persona que ella abortó. Viví en vez de morir. Mi madre
estaba en la clínica y programaron el aborto a las 9 de la mañana.
Afortunadamente para mí, el abortista no estaba en la clínica cuando yo nací a
las 6 de la mañana del 6 de abril de 1977. Me apresuré. Estoy segura de que si
él hubiera estado allí, yo no estaría aquí hoy, ya que su trabajo es acabar con
la vida, no ayudarla. Hay quien dice que soy un 'aborto fracasado', el
resultado de un trabajo mal hecho".
Este es el resumen que realizó de su vida. Pero no es una historia
completa si no conocemos la vida de su madre. Una periodista logró localizarla,
y consiguió entrevistarla. La mujer se llama Tina, y le contó que un miembro de
su familia había intentado abusar sexualmente de ella siendo niña. A los 10 años
sus padres se divorciaron.
En la adolescencia y juventud su sensación de
abandono y de que nadie la quería nunca la dejó, hasta que llegó a un punto de
depresión y ansiedad, que derivó en compulsión por comer, llegando a
pesar 145 kg.
Y volvió a deprimirse, y esta vez con la decisión de no comer, llegando a pesar
55 kg. Y
en estas conoció a un joven que se fijó en ella, y perdió la cabeza por él. Y
la dejó embarazada, y desapareció.
Ella quería tener al hijo, hasta el punto de
hacerse vegetariana para asegurar su salud. Pero sus "amigas" y
"familiares" le aconsejaron abortar. Y llegó al principal instigador
de abortos en EEUU: Planned Patenthood. El resto lo suponemos, hasta entroncar
con el inicio del relato...