
Son unos puestos donde se ofertan estos ricos productos, iluminados por unas tenues lamparitas que apenas alumbran; pero, la gente sale tan motivada de misa, para dirigirse a sus domicilios, que es lo primero que ven y compran.
Ya es una tradición, a la salida de la misa de 19h00, del templo María Auxiliadora, del barrio del mismo nombre, encontrarse con unos llamativos puestitos de venta de chispiolas, canguil, empanadas, papas fritas, chifles y algodones.
Son unos puestos donde se ofertan estos ricos productos, iluminados por unas tenues lamparitas que apenas alumbran; pero, la gente sale tan motivada de misa, para dirigirse a sus domicilios, que es lo primero que ven y compran.
Los precios varían, desde cincuenta centavos. Varios compran una fundita y van caminando por el parque María Auxiliadora, por la noche bellamente iluminado, con bancas dispuestas para el disfrute de un ligero descanso.
El frío o la lloviza, a veces, obligan a que la gente se coloque bajo las protecciones del templo mientras degustan estos sabrosos productos.
Una de las delicias, muy apatecidas, es la chispiola de dulce en diferentes colores; es común observar a niños y adolescentes mascándolas con placer hasta terminar con las manos "endulzadas". (ACR)
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En las afueras de la iglesia María Auxiliadora, cada domingo, es una tradición la venta de estos productos económicos.